domingo, 29 de septiembre de 2013

EL HISTORICISMO




XI.              HISTORICISMO

            A.  DEFINICIÓN

La historia da origen a una rica problemática, que se despliega en múltiples cuestiones.  En primer lugar debemos distinguir dos aspectos: la historia como realidad y la historia como ciencia.

“La historia como realidad consiste en un conjunto de acciones humanas realizada sucesivamente en el tiempo y de sus resultados  relacionados entre sí. La historia como ciencia es el estudio crítico y la narración ordenada de esos acontecimientos”.

La historia es un resultado en que se conjugan todas las modalidades que reviste la realidad, la unidad y la diversidad, la necesidad y la libertad, el determinismo y la contingencia, la fijeza de leyes universales con la movilidad de los acontecimientos particulares, sujetos a múltiples circunstancias variables en imprevisibles que influyen en el curso de los sucesos.

La historia es una realidad pero no toda la realidad es historia, ni es histórica, ni siquiera tiene historia.  La historia está integrada por hechos, sucesos o por acontecimientos como resultado de las acciones humanas, pero no de todas, sino solamente de algunas especialmente importantes, las cuales no desaparecen por completo en el pasado, sino que perduran de algún modo, prolongando su acción en una especie de supervivencia en el futuro.

La historia, son productos de resultados de las acciones de los hombres, bien sea individualmente o bien en colectividades naturales o artificiales.  La historia no la han hecho ni el espíritu universal, ni el espíritu nacional sino hombres concretos, particulares y existentes, mediante acciones realizadas en un tiempo determinado.

La historia requiere continuidad, y ésta, en el individuo aislado, solamente se da mientras dure su vida, pues ella se constituye por acciones, relaciones que rebasan el orden físico o biológico, entrando en el de la contingencia y, por lo mismo, en el de la libertad.

La historia no se repite jamás, y la han hecho casi siempre por separado, los distintos grupos étnicos, raciales, sociales o políticos muchos de los cuales han vivido en un aislamiento casi absoluto, sin influencias apreciables entre sí.

“Con esta visión de la historia se da inicio a la corriente que se llama Historicismo.  Este nombre fue dado por K. Werner en 1881 a la filosofía de la historia de Vico, esto coinciden en subrayar el papel decisivo desempeñado por el carácter histórico o la llamada historicidad del hombre y en ocasiones de la naturaleza”.

El historicismo implica, por tanto, una comprensión del hombre en la historia y por la historia, y toda la vida humana, con sus ideologías, sus instituciones y estructuras, habría de comprenderse en función de la historia y según una perspectiva histórica.

El historicismo está muy relacionado con el aspecto antropológico, que adscribe la historicidad al hombre y sus producciones bajo la influencia de las ciencias del espíritu, al igual que con el aspecto cosmológico que, bajo la influencia del  evolucionismo extiende la categoría de lo histórico al mundo entero.  Lo mismo cabe darse en una relación del historicismo con lo gnoseológico, ontológico y religioso como con muchas esferas de la teología actual.

            B.  REPRESENTANTES

                        1.  Guillermo Dilthey.

                                   Pensamiento.  Quiere entender la vida desde la vida misma, es decir, sin remontarse a un grado superior como la metafísica o al mundo del valor abstracto lo cual lo han convertido en un gran psicólogo e historiador de las ciencias del espíritu.

“Psicología: se vuelve contra las psicologías en unos por su método generalizador y esquematizante y propone comprender la vida psíquica desde el terreno individual, en el cual brota y crece y en este terreno individual hace hincapié en la estructura que no es otra cosa que el estado de conciencia en el cual se reciben los acontecimientos y se dirigen las formas de obrar.  Sólo si se conocen estos estados de conciencia se puede decir que se entiende al hombre”.

La filosofía de la historia, lo mismo que en el hombre, hay una  escritura también en las ciencias del espíritu hay un tipo histórico que por medio de la comparación entre las diversas formas de concebir el mundo, nos dan las manera de concebir o mejor de interpretar los fenómenos históricos pues estos tipos son formas de vida misma, es la vida la que está operando en ellos, por eso la mentalidad de Dilthey es puramente historicista, pues donde no hay más que vida y ésta se concibe meramente como tiempo que fluye incesantemente.  Todo es singular y único sin cesar surge lo nuevo, pero sin que aparezca lo normativo o universal.  Aunque este tipo de filosofía es muy importante, Dilthey no llegó a superar el relativismo que conlleva, aunque lo intentó repetidas  veces, esto sólo se logra  Simmel pero su filosofía ejerció positivo influjo sobre todo en hombre como Spranger.

                        2.  Karl Popper.

                                   Pensamiento.  Para Popper en la problemática actual de la ciencia cabe distinguir dos características fundamentales: la primera es considerar la ciencia como conocimiento progresivo y la segunda consideración de la ciencia como conocimiento provisional.  Popper intenta el carácter provisional del conocimiento científico con su carácter progresivo.

El conocimiento subjetivo hace referencia, en K.  Popper a tres realidades: A las cosas o actividades en sí mismas, a los sujetos de estas actividades y a las ideas que portan dichos sujetos, por otra parte, la ciencia objetiva nos presenta unos sistemas de enunciados de manera comunicativa y argumentativa.  Hay otras dimensiones como la económica, la jurídica y la política. Según Popper, todas estas características son propias de la ciencia.

El carácter empírico de los enunciados científicos los define basándose en la forma lógica de la falsabilidad.  “El concepto de explicación científica se reduce al de inferencia deductiva, es decir, el grado de poder explicativos de una teoría, está en función del grado de universalidad de la teoría y la aceptación de una teoría, se regula a priori por su contenido lógico, es decir,  su grado de corroborabilidad”.

Todo este formalismo Popperiano no necesita de unas reglas metodológicas para ser completado; así que, sólo la actitud refutadora del científico y su decisión hace que la falsabilidad sea posible, el conocimiento básico aceptado por convención nos servirá para medir el poder explicativo de una teoría, con todo ello tenemos a nuestra disposición los elementos necesarios para hallar el grado de corroboración o de aceptabilidad de una teoría: la falsabilidad, el poder explicativo y la refutación del científico.

Popper admite que dichas dificultades son insuperables y se pronuncia por el estudio de la teoría del método deductivo de la contrastación, es decir, el deductismo.

Antes de dar por terminado el estudio de la inducción, Popper señala su intención afirmando: “La teoría que he desarrollado se opone directamente a todos los intentos de apoyarse en las ideas de una lógica inductiva.  Podría describírsela como la teoría del método deductivo de contrastar, o como la opinión de que una hipótesis sólo puede contrastarse única y empíricamente después de que ha sido formulada”.

Para Popper el trabajo del científico consiste en proponer teorías y en contrastarlas.  En la ciencia no interesa tanto el cómo se han ido dando las nuevas teorías, sino únicamente la posible justificación o validez de las mismas.

Ante esta postura, deja todo un campo de posibilidades para que sea el científico quien investigue la lógica del conocimiento; todo descubrimiento contiene un elemento irracional, y para apoyar más este punto Popper cita a Einstein: “La búsqueda de aquellas leyes sumamente universales a partir de las cuales puede obtenerse una imagen del mundo por pura deducción.  No existe una senda lógica que encamine a estas leyes.  Sólo pueden alcanzarse por la intuición, apoyada en algo así como una introyección de los objetos de la experiencia”.

                        3.  Johann Gotfried Herder.

                                   Pensamiento.  Presenta su concepto de historia como una manifestación de la humanidad, que desarrolla su posibilidades y su potencialidad en las etapas del proceso histórico que consiste en un desarrollo biológico, semejante al de los organismos vivientes, los cuales conservan su unidad y su continuidad a través de la sucesión de los cambios y transformaciones como la infancia (oriente, historia de los patriarcas), adolescencia (cultura egipcia y fenicia), juventud (Grecia, que representa la edad de las artes, de la armonía, la curiosidad por saber, el patriotismo y la conquista de la libertad).

La virilidad corresponde a Roma (austeridad, dominio y poder), la madurez (irrupción de los bárbaros, Edad Media), la senectud (decadencia).  Su valor científico no es muy grande, pero la ruptura que Herder hace con la historiografía de la ilustración, que se complacía  en presentar el pasado como una serie de etapas de progreso hasta culminar en la plenitud de su propio tiempo.

Herder opone un ideal de formación fundamentalmente ético, tal como se dio en la antigüedad, a la instrucción enciclopédica, práctica y mecánica que descuidaba formar verdaderas personalidades y hombres libres.  Su división y exposición de la historia carece de valor científico, él dice que el hombre es una inteligencia servida por órganos.  La psicología debe basarse en la fisiología.

Tiene un sentimiento de Dios como realidad suprema  y causa universal de todas las cosas: “Dios está todo en sus obras.  Hay que ver a Dios todo entero en cada cosa y en cada punto de la creación”.  De aquí resulta un orden, una belleza y una armonía universal.

Herder dice que el espacio y la personalidad no pueden ser atributos de un ser finito, todo viene de Dios y todo está sujeto a la causalidad universal divina, mediante una necesidad racional.  Por esto, todo es perfecto dentro del grado que le corresponda, tanto en el orden físico como en el moral, toda la realidad es una expresión del poder, la belleza y la bondad de Dios.

También nuestro filósofo dice que “todas las cosas del mundo tienen una filosofía o una ciencia, esta filosofía  no debe basarse en especulaciones abstractas ni metafísicas, desligadas de la naturaleza y de la experiencia, sino en las intenciones de Dios que aparecen esparcidas por la gran cadena de sus obras, en la naturaleza y en el mundo”.

Herder propone que debe comprenderse el desarrollo de la humanidad en todos sus aspectos, no sólo políticos y religiosos, sino también físicos, biológicos, poéticos, y culturales.  Para comprender tal desarrollo  se hace necesario encuadrarlo dentro de la totalidad del universo, porque la tierra es la habitación del hombre y escenario de la historia.  Él dice, que el universo es un sistema de fuerzas que actúan orgánicamente; toda organización es un conjunto de fuerzas vivas que sirven a una fuerza principal, según las leyes eternas de la sabiduría y de la bondad.

El hombre es la expresión más perfecta de la organización sobre la tierra, dotado de alma espiritual, racional y libre; por ello, la balanza del bien y del mal, de lo falso y lo verdadero, depende de él: él puede averiguar y debe elegir.  La perfección del hombre consiste en desarrollar en sí mismo la humanidad, la cual es imagen y expresión del Creador.  La religión es la suprema humanidad y la flor más sublime del alma humana.

Muchas de las ideas de Herder serán recogidas por Hegel al exponer su obra titulada “Filosofía de la Historia”.

            C.  CLASES DE HISTORICISMO

                        1.  Historicismo Absoluto.  La idea se desarrolla y determina a través de la historia que es más que manifestaciones pasajeras integradas en el infinito devenir universal.  Toda la realidad es histórica,  y en especial el hombre que es un ser esencialmente histórico, ya por su movilidad y temporalidad, o ya por que es el único ser que llega a la conciencia del devenir dialéctico de la idea.

De esta manera la historia sería el desarrollo de la humanidad, es decir, espíritu objetivo, espíritu del mundo integrada como parte en el desenvolvimiento general de la idea que evoluciona hasta convertirse en Dios: “la historia es por lo tanto, una revelación de Dios, una teodicea, una justificación de Dios en el devenir del Absoluto”.

                        2.  Historicismo Relativista.  Se fija más en la contraposición entre la naturaleza y espíritu planteando varias ciencias entre las cuales atribuye a la historia un lugar preferente.  Reacciona también contra el positivismo, pero conserva su principio de que sólo existe lo particular y concreto.  Por ello no puede darse ningún sistema filosófico absoluto, porque la historia nos atestigua el hecho de una pluralidad de sistemas, que sólo tiene un valor en cuanto expresión de una conciencia en determinado momento del desarrollo histórico, pues la historia misma está por encima de todo.

            D.  VISIONES DE LA HISTORIA

                        1.  San Agustín (354-430).  Como la vida individual, tampoco la vida social se funda únicamente en la razón.  La vida social humana, en toda su complejidad, resulta ser un conjunto de acciones libres.  Las voluntades humanas pueden tomar direcciones encontradas; sin embargo, la historia universal tiene un sentido.  Dios en su infinita providencia y son fieles a la gracia que penetra y corona la naturaleza, son unidos por el vínculo de la caridad (Amor Dei) y constituyen la ciudad de Dios.

Cuando son infieles a la gracia, la naturaleza se corrompe y las relaciones sociales se convierten en discordia, la vida se fundamenta entonces en el egoísmo (amor sui) y los hombres constituyen la ciudad terrena.

                        2.  Juan Bautista Vico (1668-1744).  El campo propio de la ciencia humana no es la naturaleza, que es creación de Dios, sino la historia, con la sociedad, le lenguaje, la literatura, las leyes y la política que son creaciones del hombre.

Vico se propone remontarse hasta los orígenes de la humanidad y hallar las leyes generales que regulan el desarrollo, en que la dirección universalísima de la providencia divina se combina con la libertad de los hombres y la variabilidad de las sustancias, pero su erudición histórica, aunque grande para su tiempo es muy limitada y no abarca la historia universal.

Ignora el oriente y se basa principalmente en la historia de Roma, el derecho y la literatura.  Dentro de esta limitación de horizonte se arriesga a trazar un esquema de filosofía de la historia, excesivamente rígido e idealista, en que trata de armonizar, a su manera, el plan general de la redención del hombre, tamo como lo enseña el cristianismo con su propia interpretación de los hechos.

                        3.  Jorge Guillermo Federico Hegel (1770-1831).  Dice que la historia tiene una perspectiva universal, desorbitante sustancial del sistema, el proceso histórico aparece como el auténtico desarrollo del espíritu ante que el parece subordinado el despliegue de las mismas categorías del espíritu “la conciencia entre lo real y lo ideal se hace patente en la filosofía de la historia.  La historia es la explicación del espíritu en el tiempo; aquí la razón deja que los intereses y pasiones de los hombres y de los pueblos actúen por sí mismos”.

La historia transcurre como algo factible, puede verse como un prejuicio de la teoría del súper hombre de Nietzsche.  La consideración filosófica de la historia tiene por objeto mostrar que todos los acontecimientos en ella han transcurrido racionalmente, que la razón rige el mundo y todo el curso de la historia.

Hegel no niega que la historia pueda aparecer como un enlace de los hechos contingentes y mudables, y por tanto, falto de todo plan racional o divino y dominado por un espíritu de miseria, de destrucción y mal.

El gran contenido de la historia universal es racional y tiene que serlo, una voluntad divina rige el mundo, y no es tan impotente que no pueda determinarlo.  La historia es la realización del plan divino, una revelación.  La filosofía de la historia va a ser el intento de explicar la historia entera como un saber absoluto que incluye el mismo error.

La filosofía de la historia entonces significa una interpretación sistemática de la historia universal,  de acuerdo a un principio según el cual los acontecimientos históricos se unifican en una interpretación sistemática de la realidad, y su sucesión se dirige hacia un significado fundamental.  La posición básica de Hegel se refiere a que el único pensamiento que la filosofía aporta a la historia es el simple pensamiento de que la razón rige el mundo y también la historia del mundo, la cual ha transcurrido racionalmente.

Hegel nos sitúa la historia en un campo propio.  La historia descansa en la humanidad y la humanidad en su hacerse se muestra en la historia, pues en ésta, está depositada una dimensión de sentido que va más allá de la realidad natural y que, lejos de ser externa al hombre, le interpela en el mismo acto de conocerla.

                        4.  Jacques Bénigne Bossuet (1627-1704).  Tiene una interpretación teológica de la historia.  Subraya dos aspectos de la historia universal: el desarrollo de la religión y el de los imperios.  Pues la religión y el gobierno político son los puntos en torno a los cuales giran todos los asuntos humanos. 

El estudio de la historia puede mostrar a los príncipes la inevitable presencia y la importancia de la religión, en sus sucesivas formas y las causas de los cambios políticos y de las transiciones de unos imperios a otros.

Bossuet tiene intenciones apologéticas, en un primer momento esboza doce épocas para la historia: Adán, o la creación; Noé, o el diluvio; La Vocación de Abraham; Moisés, o la ley escrita; La Toma de Troya; Salomón, o la edificación del templo; Rómulo, o la fundación de Roma; Ciro, o la restauración de los Judíos; Escipión, o la conquista de Cartago; El Nacimiento de Jesucristo; Constantino, o la paz de la Iglesia y Carlo Magno, o el establecimiento del nuevo imperio.

Bossuet dice que ningún hombre puede dirigir el curso de la historia de acuerdo con sus propios planes y deseos.  Los cambios históricos tienen sus causas particulares, y el modo como operan esas causas no está previsto en todo caso, ni menos es querido por los hombres.  Pero al mismo tiempo la Providencia Divina se cumple en y por las operaciones de esas causas particulares.

Bossuet reconocía, por así decirlo, dos planos históricos.  Se tiene el plano de las causas particulares, consideradas por el historiador; pero también se tiene el plano de la interpretación teológica, según el cual se cumple la Divina Providencia en y por los acaecimientos históricos.  Así renueva Bossuet en el siglo XVII el intento de San Agustín de desarrollar una filosofía de la historia.

            E.  ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO

Se ha afirmado que “el que no conoce la historia está condenado a repetirla”, y esto es lo que pretende el historicismo, conocer los procesos históricos de las cosas y de los seres para entendernos mejor y así poder hablar de qué es lo que conoce.

Cuando hablamos de historicismo hablamos de experiencia,  de hechos concretos, no de aspectos teóricos o de hipótesis; el historicismo es siempre conclusión, fruto de vivencias.

En nuestros días, donde hay tanta posibilidad de escudriñar e investigar el pasado no es mucho lo que esto cuenta para los acontecimientos presentes, porque el hombre actual está buscando más el futuro, lo novedoso, lo que no se ha encontrado y no se conoce, en cierta medida “esnobismo”  latente, por tanto, mirar el pasado puede sonar a estancamiento o anquilosamiento.

La historia es importante para ubicar las ciencias y contextualizarlas, pero llegar hasta ahí no es importante como se sugiere para encontrar la verdad, se tiene la mentalidad que lo pasado debe ser superado y lo que tiene para superar no es necesario retomarlo.

En esta época de cambio de milenio, la historia adquiere un papel protagónico, se reciben los acontecimientos del siglo y del milenio, pero a manera de crónica, el hombre de hoy tiene una memoria histórica muy deficiente; los grandes protagonistas para la humanidad son los personajes de moda. Los hechos que conmovieron al mundo, que generaron verdaderas revoluciones científicas y filosóficas, que originaron procesos sociales de cambio no son importantes, y en ellos el hombre de hoy podría encontrar verdaderos motivos de conocimiento e impulsos de descubrimientos de tipo psicológico, filosófico y de otras ramas.

Sin ser el historicismo la panacea de la filosofía tendría muchas ventajas para nuestros días si fuera más valorado y tenido en cuenta.  Es urgente conocer la historia, las raíces y así abrirnos espacio por las posibilidades, por los horizontes que permiten al hombre encontrar su plenitud.

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